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martes, 3 de agosto de 2010

Manejarse con el corazón


Melburn McBroom era un jefe dominante, y su temperamento intimidaba a quienes trabajaban con él. Este hecho podría haber pasado inadvertido si McBroom hubiera trabajado en una oficina o en una fábrica. Pero McBroom era piloto de una línea aérea. Un día de 1978 el avión de McBroom se acercaba a Portland, Oregón, cuando él notó que había un problema en el tren de aterrizaje. De modo que decidió sobrevolar la pista en círculos, a una altura elevavada, mientras manipulaba el mecanismo.

Mientras McBroom se obsesionaba con el tren de aterrizaje, los indicadores del combustible del avión se acercaban sin pausa al nivel del cero. Pero sus copilotos estaban tan asustados por la furia de McBroom que no dijeron nada, ni siquiera cuando el desastre fue inminente. El avión se estrelló y resultaron muertas diez personas.

En la actualidad, la historia de ese accidente se cuenta como una advertencia durante el entrenamiento de seguridad de los pilotos aéreos (New York Times, 26.VI.1994).

En el 80% de los accidentes aéreos, los pilotos cometen errores que podrían haberse evitado, sobre todo si la tripulación hubiera trabajado en conjunto y más armoniosamente. El trabajo en equipo, las líneas abiertas de comunicación, la cooperación, el saber escuchar y poder expresar las opiniones —rudimentos de la inteligencia social— están ahora acentuados en el entrenamiento de pilotos, además de la habilidad técnica.

La cabina del piloto es un microcosmos de cualquier organización de trabajo. Pero al carecer de la dramática realidad vivida en un accidente de aviación, los efectos destructivos de la moral destructiva, los trabajadores intimidados, los jefes arrogantes —o cualquiera de las docenas de otras permutaciones de deficiencias emocionales en el lugar de trabajo— pueden pasar totalmente inadvertidos por aquellos que se encuentran fuera de la escena inmediata. Pero los costos pueden ser interpretados en señales tales como la disminución de la productividad, un aumento en el incumplimiento de fechas tope, errores y contratiempos y un éxodo de empleados a escenarios más acogedores.

Inevitablemente existe un costo en la base de los bajos niveles de inteligencia emocional en el trabajo. Cuando es elevado, las empresas pueden derrumbarse.

Imaginemos las consecuencias que tiene para un grupo de trabajo el que alguien sea incapaz de evitar un estallido de ira o no tenga la menor sensibilidad con respecto a lo que siente la gente que lo rodea. Todos los efectos nocivos de la agitación con respecto al pensamiento operan también en el lugar de trabajo: cuando la persona está emocionalmente perturbada, no puede recordar, atender, aprender ni tomar decisiones con claridad.

Como dijo un asesor administrativo: "El estrés hace que la gente se vuelva estúpida".

En el aspecto positivo imaginemos los beneficios que tiene para el trabajo el ser hábil en las competencias emocionales básicas: estar sintonizados con los sentimientos de aquellas personas con quienes tratamos, ser capaces de resolver desacuerdos para que no se agudicen, tener la habilidad de atravesar estados de fluidez mientras trabajamos.

Liderazgo no es dominación, sino el arte de persuadir a la gente a trabajar hacia un objetivo común. Y en términos del manejo de nuestra propia carrera, puede no haber nada más fundamental que reconocer nuestros más profundos sentimientos con respecto a lo que hacemos... y los cambios que podrían hacernos sentir más auténticamente satisfechos con nuestro trabajo.

Algunas de las razones menos evidentes por las que las aptitudes emocionales están
poniéndose a la vanguardia de las habilidades empresariales reflejan los cambios radicales que se están produciendo en los lugares de trabajo. Hay 3 aplicaciones claves de la inteligencia emocional: ser capaz de ventilar las quejas como críticas útiles, crear una atmósfera donde la diversidad resulta valiosa en lugar de ser motivo de fricción y trabajar eficazmente en equipo.


Texto tomado del libro: La inteligencia Emocional, Daniel Goleman. Cap. 10 "Manejarse con el corazón". Javier Vergara Editores.

martes, 27 de abril de 2010

Las conexiones invisibles


Durante las vacaciones de Semana Santa y mientras me dirigía a casa con mis hijas, una familia me hace señas en el carril derecho mientras el semáforo estaba en rojo. Claramente era una familia de turistas nacionales y necesitaban instrucciones de cómo llegar a la avenida Paseo de Montejo. Entonces yo les empecé a explicar, y aunque trataba de darles las mejores referencias posibles, pensé en ese momento que sería más sencillo si yo los guiara.

Así que di la vuelta y en sentido contrario a mi destino conduje hacia Paseo de Montejo (un excelente pretexto para ir por unos ricos sorbetes de elote), de vez en cuando veia por mi retrovisor para asegurarme que esta familia no me perdiera de vista.

En ese momento recuerdo que tuve la sensación de que de todos los vehículos en el camino, ésa familia de turistas en particular y yo estábamos de alguna manera “conectados”. Fue una conexión invisible entre nosotros, ellos por seguirme y yo por guiarlos.

Dicen que todo el universo está conectado de alguna manera, yo creo que eso es cierto, pero ¿Qué significa realmente?.

Sin duda hay muchos tipos de conexión entre las personas; por teléfono, por internet, cuando conversamos, por contacto visual y por supuesto por contacto físico. Incluso con el pensamiento, a mí me pasa todo el tiempo con mi comadre Betty, cuando la pienso mucho, siempre suena el teléfono. No fallamos.

Cuando alguien me atiende en un restaurante o en una tienda, observo detalladamente su disposición y si está de humor y en la mejor disposición de hacer conexión con su cliente. Pues para mí el contacto visual, el apretón de manos y la forma en que me presento, es muy importante cuando tengo trato con las demás personas.

Las conexiones entre las personas nos brindan empatía, convivencia, es un dar y recibir constante. Sentimos con un saludo cuando en una conexión hay fuerza y sentimientos, pues sentimos sin duda que hay algo mucho más grande que nosotros, que todo.

¡Y es que las conexiones son una necesidad humana básica! La conexión con la familia, con las amistades y con el resto del mundo.

Todas estas impresiones las tengo presentes todo el tiempo en casa, la conectividad entre mis hijas gemelas es impresionante y va mucho más allá de su condición genética.

También sé lo importante que es la conexión en un equipo deportivo, como es el béisbol.

Bueno, no me sorprende que le encuentre aplicación a este tipo de aspectos y los relacione de inmediato con el juego de pelota.

Ustedes como aficionados que asisten a los juegos de béisbol y han experimentado junto con sus jugadores tantas emociones y jugadas espectaculares, saben perfectamente el tipo de conexión que existe entre Oswaldo y Luis Borges, si bien al comienzo de la carrera de mi marido su mancuerna fue Juan José Pacho. El tipo de conexión y la efectividad de la misma, es impresionante entre Oswaldo y Luis.

Este año en particular me gusta, pues es interesante observarlos juntos en el orden al bat sobre todo por que para ambos representa salir de la zona de confort al que estaban habituados. Ambos dominaban sus funciones perfectamente de octavo y segundo en el orden. Y ambos están demostrando su calidad y capacidad en un orden al bat con mayor responsabilidad y que demanda más concentración. Los retos son importantes en el deportista.

Y es que el estar en contacto es vital, tanto en el béisbol, como en otros ámbitos. El construir conexiones es necesario para prosperar y tener éxito. El mundo está lleno de conexiones y están a la espera de ser descubiertas. Encontrar esas conexiones, (que no importa realmente cuáles sean), generalmente nos conduce a resultados interesantes. Pues son diferentes puntos de vista, diferentes opiniones, diferentes experiencias y por supuesto mucho aprendizaje.

… y bueno cuando finalmente llegamos a la preciosa Avenida de Paseo de Montejo, mis nuevos “amigos” se despidieron y me dieron las gracias. Yo aproveché y fui con mis hijas por los favoritos sorbetes de elote.

Así son las conexiones, algunas fugaces y temporales, sin embargo algunas suelen ser inolvidables.



Luis Borges y Oswaldo Morejón. Compañeros y "cómplices de dobles matanzas" durante 8 temporadas con los Leones de Yucatán.